TEORÍA DEFINITIVA: LA DIFERENCIA ENTRE MUJERES Y HOMBRES

Hace unos años formulé una interesante teoría científica. Por supuesto que ni se me pasó por la cabeza verificarla y seguramente la solté en algún bar o en el camino entre dos.
La teoría conseguía explicar de manera definitiva el origen de la diferencia entre hombres y mujeres, para ello me basé en la observación del reino animal.
Mujeres y hombres somos especímenes muy diferentes. Lo somos mucho en nuestra manera de sentir y pensar lo que a menudo nos crea problemas de comunicación y  entendimiento mutuo que derivan en todos los conflictos de pareja, no hará falta que los enuncie aquí.
En el aspecto físico hay más que notables diferencias.
Perros y perras, por poner un ejemplo común, son iguales en fenotipo, tienen el mismo aspecto, la misma cantidad de pelo,similar voz y de lejos no ha quien los distinga. Presentan alguna diferencia en cuanto a tamaño y los órganos sexuales, claro. Ya ni hablamos de los gatos y las gatas, prácticamente indiscernibles incluso a corta distancia.
En cuanto a características externas, humanos y humanas somos seres completamente diferentes: los unos más peludos y musculosos, las otras con voz más aguda, tetas más grandes que ellos etc. Se nos distingue de lejos, incluso vestidos.
¿De dónde parte tal diversidad? Ahí está la clave de mi teoría. Es muy sencillo (no sé cómo no se le ha ocurrido a nadie antes), somos especies diferentes.
Allá en tiempos primitivos debieron existir dos especies diferentes de “homos” o “androides”, reproductivamente compatibles y con atracción sexual mutua. Algún cataclismo extinguió a todos los machos de una especie ya todas las hembras de la otra. Los individuos supervivientes se reprodujeron y  la descendencia de cada sexo heredó todas las características de su madre o de su padre según naciera una hembra o un macho. Y ahí radica la diferencia. Podríamos decir que los hombres engendraron hombres a su imagen y semejanza y las mujeres engendraron a otras mujeres.
Esta teoría  “empíricochorra” se ve casi corroborada ahora. Parece ser que se ha descubierto que hace nosecuantosmilaños una población llegó a la Península Ibérica y mató a todos los hombres (los auténticos machos ibéricos) para follarse a todas las hembras. Ahí está corroborado el origen de mi teoría. Luego la abundante emigración ibérica se encargó de colonizar el mundo.
Está claro que a nuestros antepasados (aquellos homicidas) les gustaban más la mozas ibéricas que las suyas, aunque podríamos asegurar sin miedo a equivocarnos que a las propias no las llegaron a matar, o al menos a todas. Vestigios hay: en nuestra España actual podemos encontrar especímenes tan variados cono Maribel Verdú o María del Monte.
Luego cada uno que elija la especie que prefiera.

CAMPOS MARCIANOS

 Vista de lejos y de día, la Tierra de Campos (zona común entre Valladolid, Zamora, Palencia y León) es un inmenso secarral en el que se reparten pequeños grupos de casas organizadas “a modo de pueblo” con una o varias iglesias de impresionante factura. Vista de lejos y por la noche, la Tierra de Campos cambia la blancura de la piedra de las iglesias por las luces de colores de los puticlubs  (o puticlubes) que proliferan con abundancia. De modo que, vista de lejos, la Tierra de Campos, no siendo adepto a alguna de las dos parroquias nombradas, agricultor del cereal u oveja, no presenta el mínimo interés.
Pero al acercarse el universo “tierracampestre” cambia. Las iglesias, arte en sí mismas, contienen tesoros entre los cuales destaca la cantidad y calidad de órganos. No sé nada de órganos y me puedo equivocar, pero me atrevería a asegurar que nos podemos encontrar en la zona de mayor densidad de órganos barrocos por habitante del mundo (tampoco soy experto en el mundo).
Visto el paisaje y en busca del paisanaje descubriremos el tesoro humano de la zona. Salidos como de debajo de la tierra (a veces literalmente, pues es tierra de bodegas), como traídos por una nave de marcianos, surgen personalidades de todo tipo de ocupación y nacionalidad: importantes empresarios, artesanos cerveceros, organistas de renombre, organeros entretenidos en la conservación de lo que hay y la creación de nuevo material, críticos de arte, abogados de futbolistas de primera fila… y lo que vaya surgiendo.
Como nexo entre ambos tesoros (el humano y el organológico) está la figura de Francis Chapelet, quien fuera maestro de órgano en Burdeos y con asiento en Abarca de Campos. Allí levantó una vivienda y una fundación en la que hay instrumentos e instalaciones de calidad para disfrute de los aficionados a la práctica de tan noble instrumento. Estudiantes, agricultores, pastores (y toda la gente que mantiene la zona con vida), pueden formarse en la disciplina del órgano. Además se pueden escuchar conciertos como los que está promoviendo la Asociación Amigos de los Clásicos con la colaboración de la Fundación Chaplelet, en los que pude participar el día 11 de agosto y a los que pienso volver como público el próximo día 25.
Y después del concierto pincho ¡qué grandes iniciativas!